Tierra y raíces

Entre raíces volátiles y tierra roja, de esa que no se quita de los pantalones, de esa que no se olvida, me crié yo.
Observaba en silencio la hilera de hormigas negras que desfilaban ante mí, regalándome su tiempo, y aguijadas avispas y abejas susurrándome al oído, convenciéndome  de su bondad,  permitiéndome ser una más. 

Sentía paz entre las ramas del viejo olivo, en soledad(no siempre elegida), observando desde mi lejanía, desde mi infinita ausencia fingida, cómo funcionaba la vida, sin formar parte completa de ella.

Soñaba; cuando lograba deshacerme del peso que sentía en mi pecho y que me ahogaba, cuando por fin renegaba mi consciencia del momento, soñaba que flotaba. Que poco a poco me elevaba  y era ligera, y pluma y viento, y era libertad lejana.

Niña sincera. Niña adulta. Niña que no da ruido.
Niña lista y niña tonta. Niña que no se mete en líos .

Niña solitaria. Niña  acosada. Niña amada y odiada.
Niña que no sabía quién debía ser.

 Niña que siempre siente frío. 

Niña sensible, llena de ideas ahogadas. 

Niña lejana e incomprendida. Niña de mamá... pero siempre.

Ha valido la pena.

                              Inés García Écija

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